
Soy Adrián Sieiro. Soy 1/3 de Pontevedra, 1/3 de Castro (Cerdedo) y 1/3 de Forcarei, el lugar donde cometí la hermosa y jodida locura (muy jodida) que me permite estar aquí hoy.
Creo firmemente que solo con el hecho de formarme como un enfermo cada día en mi pasión, sin el rodaje de los kilómetros en el campo de batalla, nunca me hubiera sentido realmente preparado para esto. Y con razón.
Tengo un título de Ingeniería Mecánica pero, como te digo, mi interés real ha sido siempre formarme por pura vocación en todo lo relacionado con el entrenamiento, la nutrición y, hasta algo de psicología (aunque tal como estoy yo de la cabeza como para ayudar a alguien en ese sentido :)).
Primero era simplemente por curiosidad, pero poco a poco empecé a soñar con que mi modo de ganarme la vida estuviera relacionado con esto. Pero nunca me sentía preparado y el miedo me paralizó durante mucho tiempo.
Hasta que surgió la oportunidad de un proyecto en el Ayuntamiento de Forcarei, en el que muchas personas trataron de evitar que me metiera… que la hostia iba a ser terrible. Acertaron. La hostia fue monumental. Perdí dinero, salud física y mental. Y también mi pareja, que me acompañó en esta locura y es lo que me duele realmente.
Puedo soltar mil excusas de cosas ajenas a nosotros que nos pusieron el camino muy difícil. Como una famosa pandemia que se le dio por estallar cuando llevábamos una semana abiertos y unas cuantas cosas más que no ayudaron. Pero la realidad es que fracasé con mayúsculas.
Me ha costado salud, horas de sueño y deudas pero, además de haber vivido momentos increíbles con gente acojonante, me quedo con unos aprendizajes y una resiliencia que jamás habría podido alcanzar sin haber pasado por ello.
Durante 5 años fui entrenador, limpiador, el de mantenimiento (bueno, con ayuda de algunos clientes-amigos porque yo soy un chapuzas :))… eso sin contar otros trabajos para poder sostener el "negocio" un mes más.
Bueno, a veces era simplemente un ente sosteniéndose como podía. Me tocó sobrevivir más que vivir, sin vacaciones, sin horarios, con la cabeza quemada y el corazón aguantando a pulso una ilusión que insistí en sostener más de la cuenta.
En medio del dolor entendí que tenía que cambiar de rumbo para no perderme del todo. Que sin que un proyecto sea sostenible a nivel de salud física, mental y económica, por mucha ilusión que tengas, eso tiene fecha de caducidad. Es algo obvio, pero yo soy así de tontito y cabezón. Pero, sobre todo, tontito.
Hoy me reinvento. Además de seguir formándome en mi pasión, me formo en otras habilidades para, por fin, hacer un proyecto que me apasione, pero que sea sostenible.
Busco desarrollar productos digitales como guías, apps, asesoramiento... e incluso divulgar intentando aportar con toda mi vergüenza, la mayor humildad posible y dejando claro que me falta un mundo por aprender. Pero no desde el humo, sino desde la experiencia real. Desde haberlo vivido todo, menos el éxito fácil. Bueno… el éxito en general.
Sí, claro que quiero ganar dinerito, no te jode. Pero creo que he demostrado que esto para mí es mucho más que un negocio. Más que nada porque hasta ahora lo que he hecho es sobrevivir, más que vivir.
Siempre intentando que la otra parte se quede con la sensación de que le ha ayudado mucho más mi producto o servicio que el coste que le ha supuesto.
Sé lo que es no tener tiempo. Sé lo que es estar hundido, desbordado, agotado… y aun así adaptarme y seguir. Seguir cómo podía, pero seguir.
No me hables de motivación de un día puntual. Háblame de lo que te pesa. Y construyamos sobre eso.
Disculpa la chapa y muchas gracias por haber llegado hasta aquí y haber sido seguramente la única puta persona que ha leído esto.
TÍ DÁLLE, QUE PA’ ALGHÚN LADO VAI.









© 2026. ALL RIGHTS RESERVED
